Cómo se ve el síndrome del impostor cuando el negocio es tuyo

  • Te sobrepreparas para todo. Antes de una reunión repasas tres veces lo que dominas de sobra. No es rigor: es miedo a ser descubierta.
  • Te cuesta poner precios a la altura de tu trabajo. Subirlos te parece «abusar», aunque los números —y tus clientas— digan otra cosa.
  • Minimizas en público. «Bueno, es un proyectito.» «Tampoco es para tanto.» Te achicas antes de que alguien pueda hacerlo por ti.
  • Vives los reconocimientos con incomodidad, como si te hubieran confundido con otra.